Historial del libro:
Introduccion
Capitulo 00
Capitulo 01
Capitulo 02
11 : 45 de la mañana.
Cualquier otro día, habría estado en la cafetería de mi facultad, tomándome un descanso, o quizá en la biblioteca, buscando información acerca de algún autor, o un acontecimiento histórico, o sencillamente rascándome las narices al sol de la mañana. Pero aquel día no era como los demás. Prueba de ello es que me estaba arrastrando por una gruta subterránea, que había aparecido dentro de una construcción romana, despellejándome las palmas de mis manos, y destrozando mis vaqueros, en persecución de dos mujeres atrapadas en el cuerpo de una sola, que había sido atacada y secuestrada por alguien cuya identidad y aspecto apenas me atrevía a considerar. Ahora me iluminaba con una vela que había encontrado algo más en el interior del túnel. Hasta allí había llegado con la simple llama de mi mechero, y severas quemaduras en mis dedos. En cuanto a los libros, los había dejado en la entrada, junto a la sierra. Podían ser muy importantes, pero iba más allá de mi capacidad humana el llevarlos conmigo.
Sabía que ella había entrado por allí. El suelo, bastante irregular, era en su mayor parte de roca, pero en los escasos trechos en los que había tierra o polvo, eran visibles un par de huellas, y unos surcos, como de algo arrastrado. No había vuelto a encontrar ningún rastro de sangre, y ello me animaba un poco. Por otro lado, era más que probable que la débil y vacilante llama de la vela no me permitiera ver signos más evidentes.
Había caminado un largo trecho por el túnel, casi todo el tiempo descendente y en línea recta. Supuse que en unos diez minutos debía de haberme alejado casi un kilómetro hacia el norte, y entre cincuenta y cien metros de profundidad. El techo me forzaba a veces a caminar de rodillas, y otras, me permitía caminar completamente erguido. De todos modos, la gran proliferación de estalactitas y estalagmitas, me obligaba a extremar la precaución tanto con mis pies como con mi cabeza. No había ninguna humedad en el recorrido, pero por el dibujo dejado por el agua en algunas rocas, era evidente que en otra época, aquel fue el cauce de un río subterráneo.
Hacía rato que no escuchaba ningún sonido proveniente de delante, así que apresuré el paso, temiendo estar quedándome atrás, y casi por igual, el saltarme alguna bifurcación y acabar perdido en aquellas grutas. Justo entonces escuché un pequeño grito, sofocado rápidamente, y luego, de nuevo, silencio. Me había parecido la voz de Thais, pero no podía asegurarlo, ya que el eco lo había deformado. En cualquier caso, me confirmó que seguía por el buen camino. Unos minutos más tarde, el camino se bifurcaba. Por un lado la gruta se hundía en una sima; un descenso tan difícil que en seguida deseché el que hubieran bajado por allí. Además, apenas habían asideros, y me pareció oír un murmullo de agua abajo. Por el otro lado, y mucho más evidente, unos escalones, tallados toscamente en la roca, llevaban a algún nivel superior.
Comencé a ascender por los escalones, y cual no fue mi sorpresa cuando terminaron en la entrada a un pasillo, amplio, cuadrado, y evidentemente, construido por el hombre. En el suelo, a ambos lados del mismo, habían unos extraños símbolos. Me incliné y vi que se trataba de unos toscos dibujos, muy antiguos, de unos cuatro mil años. Reconocí el estilo: “Aruhis”. Sin duda alguna pertenecía a esta tribu, pero no sabía que los Aruhy hubieran vivido también en este plano. Carecían de escritura, a diferencia de algunas civilizaciones algo posteriores, pero poseían un talento creativo que plasmaban continuamente en cualquier lugar que hubieran habitado.
Estos pensamientos me parecieron tan normales y evidentes, que no me di cuenta, hasta que me volví a poner en marcha, que había estado haciéndolo como Velenor, recordando su vida en su plano. Había razonado con “sus recuerdos”. Fue en ese momento cuando comencé a comprender qué significaba ser dos personas distintas, y no me pareció que fuera tan difícil como antes había supuesto. De hecho, era tan natural como ser una sola.
Me forcé a abandonar esos alegres pensamientos para concentrarme en un rescate que no tenía ni idea de como iba a realizar. El pasillo era cuadrado, de unos tres por tres metros, y se adentraba en la oscuridad, aparentemente, sin torcerse a ningún lado. Cualquier ruido era multiplicado por los ecos, y comencé a oír pisadas delante mío. Solo un par, o eso me pareció. No supe que pensar ante ese hecho. Intenté acallar mis propias pisadas, cosa muy difícil, debido a mi falta de sigilo, y a mis zapatos de suela dura.
Quienquiera que fuera la persona a la que estaba persiguiendo, no hacía nada por acallar las suyas, y de hecho, me pareció que le estaba ganando terreno. Si Thais estaba inconsciente, y no la había dejado a un lado del camino, debía llevarla a cuestas. Eso debía estar frenando su marcha. Yo apresuré la mía, sin saber que iba a hacer cuando lo alcanzara. Una parte de mi fue consciente de que podría hacer muchas cosas, que si la parte de Velenor estuviera completamente viva dentro de mi, no sería ningún problema rescatarla, pero no lo estaba. Las palabras del hechizo de invisibilidad bailaban dentro de mi cabeza, a un paso de poder cogerlas. Lo mismo podía decir de otros cuantos hechizos que sabía que era capaz de lanzar, entre ellos el conocido y poderoso “bola de fuego”. Pero no lo lograba, y eso me ponía frenético. Una pequeña parte de Cris aún no creía que todo aquello pudiera estar pasando realmente, y bloqueaba la entrada dentro de mi de una persona que ya era realmente yo. No podía hacer nada para autoconvencerme, de igual modo que una persona no puede forzarse a amar a otra. Son cosas que la propia mente resuelve en un sentido u otro a su debido tiempo.
Intenté recordar el hechizo que había lanzado apenas una hora antes, el de sueño. Quizá me fuera útil. Descubrí anonadado que no lograba recordar la entonación del sortilegio. Recordaba las palabras, pero del mismo modo que las recordaba antes de que Thais me echara una mano, vacías, como esas oraciones que aprendemos cuando niños, y que más tarde seguimos recitando, casi sin saber qué estamos diciendo. Yo sabía que el hechizo no funcionaría de ese modo, pero no lograba encontrar el recuerdo dentro de mi. ¿Cómo lo había hecho?. Había cerrado los ojos pensando en las palabras, había inspirado, me había relajado, y había esperado que cobrasen sentido en mi mente antes de pronunciarlas.
Me detuve un momento. Las pisadas delante mía, ya muy próximas, siguieron resonando túnel adelante. Intenté no pensar que estaba perdiendo terreno. Cerré los ojos e intenté hacer lo que había hecho antes.
Las pisadas se alejaban...
Abrí los ojos y me puse en marcha con furia. ¡No podía concentrarme de ese modo!. Si aguardaba a que el Espíritu Santo descendiera sobre mi, podían llegar las Navidades, apoyado contra la pared en aquella oscuridad.
Seguí avanzando, protegiendo con mi mano la vacilante llama de la vela. Me preguntaba que luz estaba utilizando él allá delante, si es que realmente era un “él”, y no un “ella”, o un “eso”. También sentía curiosidad por la razón por la que no había visto resplandor alguno, aunque posiblemente, si estaban utilizando una vela, como yo, su resplandor sería tan mortecino que no llegaría ni siquiera unos metros atrás. Además, el resplandor de mi propia vela, casi me deslumbraba los ojos más que alumbrarme el camino. En cualquier caso, las pisadas, delante, sonaban tan próximas que me pregunté cuando me chocaría contra la espalda de mi perseguido.
Fue entonces cuando el pasadizo terminó, desembocando en una sala, o nuevo túnel, tan grande que mi vela no iluminaba ninguna pared ni techo. Los pasos seguían sonando, pero ahora los ecos me los devolvían por todas partes, y sin punto de referencia, comencé a sentirme perdido. Por un momento no supe qué hacer. Luego, viendo que el suelo seguía siendo regular, de piedra lisa, se me ocurrió una idea disparatada.
Sople mi vela, y la oscuridad se abalanzó de todos los rincones, hasta cubrirme por completo. La mancha luminosa del fuego tardó unos momentos en abandonar mi retina. Hasta entonces, seguí viendo imágenes fantasmas en la oscuridad. Los pasos seguían sonando, en algún lado. Avancé lentamente, para convencerme de que no me estaban sacando tanta ventaja, esperando que mis ojos se despejaran lo suficiente como para poder captar el resplandor de su fuente de luz, si es que la llevaba.
Mis ojos se habituaban a la oscuridad con endemoniada lentitud. Resplandores falsos seguían luciendo delante mía, desapareciendo con suma tranquilidad. Comencé a enfadarme conmigo mismo por la estúpida idea. Ya estaba buscando el mechero en mi bolsillo para volver a encender la vela cuando me fijé que una de esas manchas parecía, no sólo desaparecer, sino también desaparecer en una dirección determinada. Fijé mis ojos en ella y vi que, realmente, se trataba de una fuente de luz. Confié en no haberme equivocado con mi valoración del suelo, y me lancé a una marcha a ciegas, en pos del tenue resplandor. Poco a poco comencé a ganarle terreno nuevamente, pero por alguna razón, aunque me parecía que lo alcanzaba, siempre conservaba unas decenas de metros delante mía.
Un momento después, la cadencia de los pasos cambió, y vi como la luz comenzaba a ascender ante mis ojos. Traté de tener cuidado con un posible cambio de nivel, pero así y todo, las escaleras comenzaron antes de lo que había esperado. Tropecé con el primer escalón, y la velocidad que llevaba, me estampó dolorosamente contra los filos de piedra. Lancé un quejido que resonó con ecos en toda la habitación. Quizá fueran imaginaciones mías, pero el sonido de las pisadas se detuvo un instante, antes de continuar con el mismo paso. Me puse en pie, y comencé a ascender dando manotazos a la oscuridad en busca de cualquier obstáculo invisible. En seguida el pánico me dominó y comencé a tener visiones de mi mismo, cayendo por el borde de la escalera, hacia un suelo lejano y oscuro. El miedo me obligó a encender de nuevo la vela.
Agradecí el cambio, ya que, aunque la escalera no estaba en realidad suspendida sobre ningún abismo, los escalones si que eran peligrosos e irregulares. En cuanto di vida a la llama, esta me deslumbró de nuevo, pero por contra, pude ascender mucho más rápidamente. Los pasos sonaban ya muy próximos.
Es ascenso terminó a unos veinte metros por encima de la gigantesca sala, y dio paso a otro túnel, este mucho más pequeño, de unos dos metros de alto, y poco menos de ancho. Este túnel terminó muy pronto, y cuando lo hizo, me maldije por no haberme dado cuenta de que los pasos se habían detenido un momento antes.
La sala a la que llegué era circular, de unos quince metros de diámetro, y no parecía tener ninguna otra salida. En la parte más alejada había un gran bloque de piedra, del tamaño aproximado para albergar a una persona tumbada. Junto a él, permanecía dos figuras, una de las cuales sostenía a hombros a la otra.
Cuando fijé mi mirada en ellos, mi cabeza pareció girar vertiginosamente sobre mis hombros. No podía creer lo que veía.
La figura que estaba de pie era Thais, y de la que llevaba a hombros, sólo veía los pies, sujetos por el brazo derecho de ella. En su mano izquierda portaba una vela, algo más grande que la que yo mismo había encontrado .
Me sonrió.
--Vaya, eras tú -me dijo, y noté algo de alivio en su voz, además de algo otro que no supe identificar-. Estaba asustada. Llevaba escuchando tus pisadas algún tiempo, y pensé que era otro de estos, y lanzó el bulto al suelo. Parecía humano, o humanoide, aunque sólo pude percibir su silueta. Un efecto de la deficiente iluminación, dejó todo el cuerpo sumido en las sombras, incluida su cara-. Podías haberme llamado.
--Pensaba -traté de continuar, pero algo estaba llamando a la puerta de mis recuerdos. Me costó encontrar las palabras-. Pensaba que era a ti a quien habían secuestrado.
Me sonrió, con el doble de calidez, y dio un paso adelante. Una alarma sonó en mi mente, y al principio, no supe qué iba mal. Luego, de repente, y como una explosión, tuve dos revelaciones en mi mente.
Primero, supe que esa no era Thais. Segundo, me agaché en el tiempo que tarda un parpadeo, y sujetando una piedra en mi palma abierta, murmuré dos palabras: “Ahdo varakha”.
El proyectil salió despedido, sin mover un músculo, con más fuerza de la que jamás hubiera podido imprimirle por medios normales, e impactó en un lateral de la cabeza de Thais. Esta, o lo que fuera, cayó al suelo. Tardó unos segundos en levantarse, y cuando lo hizo, cambió de aspecto, lentamente, hasta culminar la metamorfosis al erguirse por completo. Ante mi había un sujeto, con los pelos rizados y alborotados, con una desaliñada barba negra, mugrienta, y una ropa muy desgastada. Me recordó a esos guardapolvos que Humprey Bogart utilizaba en Casablanca, pero de una tela distinta, y más largo. No dejaba de ser un atuendo muy inapropiado para tan desaliñado sujeto. A un lado de su cabeza, manaba un hilo de sangre, de una zona donde mi piedra le había arrancado varios mechones de pelo. No llevaba arma, al menos a primera vista, y eso me tranquilizó un poco, porque Velenor ganaba por momentos fuerza dentro de mi. Por otro lado, esa misma realidad me inquietaba, porque sabía que ese ser, fuera quien fuese, era mucho más de lo que parecía ser.
--¡Vaya! -dijo con un tono ronco, pero casi como si se disculpase por haber sido descubierto-. ¿Como lo has sabido?.
--Ella jamás hubiera podido cargar con un cuerpo tanta distancia, y sin descansar -dije lentamente, y tras una pausa, me encogí de hombros-. Pero a decir verdad, eso lo he pensado ahora. Hace un momento he actuado por instinto.
El hombre mostró una sonrisa torcida.
--¿Y si te hubiera fallado el instinto?
Dude por un momento, pero muy breve. En ese instante me sentía tan seguro de mi mismo como no había estado en mucho tiempo.
--Mi instinto no falla -afirmé secamente-. ¡Aléjate de Thais! -el hombre se encogió de hombros, y dio dos pasos laterales, sin perderme en ningún momento de vista-. ¿Qué has venido a buscar aquí?
Me miró escrutadoramente antes de contestar.
--Lo mismo que tu, supongo. La Gema de la Semejanza -carraspeó y lanzó un esputo al suelo, al tiempo que me miraba con ojos entrecerrados-. La verdad, esperaba una pregunta más inteligente de ti.
Esa expresión, y el tono de voz parecían despertar algo dentro de mi, pero no supe a ciencia cierta qué.
--¿Quién eres? -pregunté con un tono indiferente.
La criatura me miró atentamente durante unos largos instantes, haciendo la situación tensa. Parecía estar ordenando algunas ideas. Finalmente me volvió a sonreír con esa expresión suya.
--Soy alguien que te va a hacer la vida muy difícil. La Gema de la Semejanza está en ese altar -y señaló sobre su hombro con un pulgar alargado y con la uña descuidadamente larga-, y sólo uno de los dos puede conseguirla.
--Y tu estás seguro de que vas a ser tu -añadí a su frase, con aparente seguridad.
Se encogió de hombros, y puso expresión de indiferencia.
--¿Por qué no podéis dejar la situación estar? -le pregunté, sin saber muy bien por qué. De hecho era consciente de que era una tontería-. ¿Por qué no podéis permitir que los dos planos se fundan en uno solo?. Al fin y al cabo así no ganará ni perderá nadie. En ambos planos hay bien y mal.
Sacudió la cabeza con expresión socarrona y se rió por lo bajo antes de contestar. Aunque mi expresión no varió, su gesto había minado parte de mi confianza.
--Es muy fácil hablar así -dijo perdiendo de repente todo rasgo afable. En un instante había transformado su expresión nuevamente, hasta parecer más un demonio que un humano. Sus orejas se alargaron, al igual que sus dientes. Su pelo se encrespó más si cabe, y su morro creció de donde no lo había. Su piel se tornó mucho más rojiza-. ¡Es muy fácil!. Puedes hablar tranquilamente del equilibrio entre el bien y el mal. ¡Por supuesto que hay equilibrio en la balanza!, pero equilibrio con un dominio casi absoluto del bien. Si dominara un poco más, no podría hablarse ya de equilibrio, porque el plato del bien descansaría sobre el suelo del cosmos, sin ninguna oposición por parte del otro. El equilibrio perfecto está muy lejos, y esta es una oportunidad idónea para conseguirlo. El mundo necesita mucho más caos en el cóctel del orden. Antes de que acabe el día la balanza habrá cambiado su posición.
--Estás muy seguro de que lo conseguirás.
Me miró con una expresión extraña, y tuve la impresión de que no estaba tan seguro como parecía. De hecho casi me pareció que estaba algo asustado. En cualquier caso, volvió a hablar, con una sonrisa bailando en su expresión:
--Por supuesto. Sólo tengo que destruir esa pequeña piedra, y todo estará resuelto.
--¿Qué te hace pensar que voy a permitírtelo?
--Tienen que cambiar mucho las cosas para que tu puedas hacer algo -dijo, pero noté un temblor en su voz.
En ese momento, comenzó a mover sus manos de un modo extraño, y sus labios comenzaron a murmurar unas palabras. Tardé un instante en darme cuenta de que se trataba de un hechizo, y otro en calmar la euforia que me inundó. ¡Ese era mi terreno!, y Velenor estaba pletórico de vida. Supe que aunque llevaba desventaja, aún podía vencerlo. Supe que el hechizo que comenzaba a cobrar vida en mis propios labios lo destrozaría. Supe que lo terminaría antes de que el pronunciase su última palabra. Supe, también que había salvado la Gema.
Y comencé a recitar las sílabas que bullían en mi mente. Efectivamente, terminé de entonar antes que él, pero las cosas no salieron como yo había supuesto. De repente fui consciente de que había pronunciado mal alguna parte, y que las consecuencias no me iban a gustar. Inmediatamente, un tremendo dolor de cabeza embotó todos mis sentidos, y me hizo caer al suelo sujetándola con las dos manos, para evitar que estallara. Al mismo tiempo supe que el hechizo que él estaba formulando y que había terminado con éxito, jamás había estado destinado a hacerme daño. Era un hechizo de protección. ¡Protección contra mi magia!. ¿Realmente me había temido tanto?. En cualquier caso, ya no importaba mucho. Debía estar a punto de caer inconsciente, pero hice un esfuerzo de voluntad por no caer en el abismo de negrura. Apreté más mis sienes, pero era como amortiguar con papel de periódico el sonido de un martillo hidráulico. El se me acercó, y a través de mi torbellino, fui capaz de percibir su expresión divertida, y sus palabras.
--No salgo de mi asombro –dijo, con su nauseabunda boca cerca de mis ojos-. La verdad es que esperaba algo más de Velenor, del famoso Velenor -se inclinó sobre mi-. ¿Qué te ha ocurrido?
Intenté contestar algo, pero mi boca no me obedeció, ni tampoco mi cerebro. No se me ocurrió nada. Noté como me deslizaba en la oscuridad, cediendo el dolor a un olvido más piadoso. Los ecos de su risa me acompañaron en el descenso...

El Dia del Advenimiento is licensed under a
Creative Commons Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 2.5 España License.
-------
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada