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martes, 23 de marzo de 2021

Oda a Perla



Oda a Perla


Queridos lectores de este poema tan singular :

No os extrañéis de que una oda a una gata se pueda crear.

Pues Perla es, sin dudar, un animal muy especial.


Pasemos a describir la personalidad que la define.

Con su tenacidad gatuna, astuta me persigue

y su lamento, al aire lanza con ahínco,

cuando la olvido un rato o de comer me pide.


Sus uñitas de alfiler,

siempre en mis pantalones clava.

Me mira, al comprender,

que se ha ganado una azotaina

Pero sabe que en el fondo,

sólo soy una tontaina,

y siempre me logra vencer,

¡ le sale todo redondo !.


Otro tema es cuando se pone celosa,

porque no soporta que nadie me abrace.

Tengo que darle mimos, me los pide empachosa,

y cuando así ella lo cree, y marcharse le hace,

se va tan campante y me deja, la muy orgullosa.


¿ Y cuando la puerta del comedor cierro,

a eso de las doce de la noche ?.

Siempre saca a relucir sus reproches,

y como una mala ama me siento.

Si a la puerta me asomo, ella está fuera ;

Llora y gime, tras los cristales, la dramática.

Yo diría que hasta se pone antipática,

si no le abro rauda, como el viento.


Algo tiene, esta gata primorosa,

que a pesar de todos sus caprichos de mimosa,

consigue de mí todo lo que quiere

y vive mejor que una rosa.


¡ Ah !. ¡Que fallo más tonto he cometido !.

Ni siquiera he dicho a qué raza pertenece.

Es la más tozuda, porque permanece en sus trece,

y estoy segura de que algo de ella habéis oído.

Paso a daros unas pistas, por si no habéis caído :

Nace blanca, y oscurece mientras crece ;

su carácter, muy fuerte, al cabo se enrarece

y se enfada si la dejas por algo, o acaso, has partido.


Sus ojos son azules, “ blue” como yo los llamo,

y parece que haya salido de la mismísima chimenea,

pues con la cara, patas y rabo, al color pardo se aviene.

Si no desmonta la casa, arañando como reclamo,

se las apaña para molestar : corre, salta y berrea.

¡ Y es que la gata es siamesa !. Bien demostrado lo tiene.

A pesar de todo lo que escribo,

la quiero mucho, ella lo sabe.

Deseo que esté siempre conmigo,

... y si molesta, ¡que moleste !.

¡Eso valen esos ojos celestes

y mucho más que yo no digo !.

¡Que rabien todos los gatos siameses !,

o de otra raza si se prefiere

pues no ha habido nunca animal tan querido,

que aún siendo un trasto le hagan odas,

y aún más si sigue vivo.


¡ Ole mi gata morena !.

¡Qué gracia tienen sus bigotes blancos

y sus dientes de coral !.

Y ese vocabulario tan surtido

que me vuelve loca, ¡ a rabiar !.


¡ Ole su cuerpo serrano,

que en universo gatuno la convierte !.

Y esa barriguita peluda,

que al acariciarla con la mano desnuda

me llena por completo de deleite.

Mi gata se llama Perla.

¿ No os lo había dicho ya ?.

Este es mi último apunte,

no por ello lo vayáis a olvidar.

Y con estos versos me despido.

Señores, la oda llegó a su final.


Una ferviente ama



Autora: Dalthea





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sábado, 1 de diciembre de 2007

Poesías Escaneadas

Nota de la autora (Dalthea): Estas tres poesías que escribí ,también hace algunos años, han aparecido entre mis archivos (no informáticos). Para no quitarles el encanto de cada formato de letra, he preferido que las leáis tal y como las tengo yo. Así que he escaneado los originales.

Espero que os gusten. ;-))


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LA CIUDAD DORMIDA




MUNDOS PARALELOS



DESEO





Ríos de Plata

Ríos de Plata

obre las rocas del acantilado
mientras la noche caía como terciopelo,
el llanto amargo de un humano
aliviaba de su sequedad al suelo

En sus húmedos ojos reflejaban
plomo gris las nubes y el cielo.
En su corazón, a fuego grabada
la huella abierta del dolor sincero

Gime y llora en silencio
mientras de ella se despide
y no puede soportar el hecho
de que la historia se repite.

--Ni el mismo Giltanas se libró
del destino cruel de Huma.
Su corazón conoció el amor
de un rayo fugaz de luna.

¡Y yo que reí en mi palacio,
creyéndome a salvo de ella!
sufro ahora despacio
la misma amarga condena.

Me enamoré de la belleza.
Me enamoré de la pasión.
De plata era su cuerpo,
y de oro su corazón.

Adoraba toda su fuerza,
coraje, valor y valentía.
Adoraba que me dijera
que era por mi por quien moría.

¡Cruel eres, oh tú, Destino,
que ofreciste lo que ansiaba,
la miel de un tesoro divino,
una mirada a un bello camino,
para después dejarme sin nada!

Como otrora alguien ya hiciera,
quedó desnuda ante la luna.
Preciosa y perfecta ella era,
mas su sombra era de criatura.

Un dragón en forma humana,
una espada de belleza
que cortó con sutileza
todo un labrado mañana.

¿Por qué así ocurrió?
¿Por qué a ti y a mí?
Y si profundo era el amor,
¿por qué no pudo subsistir?

Preguntas no contestadas.
Unidos, pero en la soledad.
Si esto fuera un cuento de hadas,
alegre sería el final.

Nada es como lo narran.
Sólo es la amarga verdad
y aún fluyen ríos de plata
de tu llanto y el mío hacia el mar.


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viernes, 30 de noviembre de 2007

Sueños de Dragón


Sueños de Dragón



Un día soñé que era un dragón ;

Un animal bello, magnífico, alado.

Volaba bajo un cielo despejado,

lento, pacífico y con tiento.


Escamas rojas recubrían mi cuerpo,

brillando como el sol ,en el espacio azulenco.

Húmedas mis pupilas, de ardor violento,

oteaba lado a lado, con frenesí, contento.


Yo volaba por placer,

sin límites que me pudieran retener

y sin la opresión del tiempo.

Mis alas hacía extender

y planeaba libre, de cara al viento.


En el aire respiraba libertad,

frescura, bienestar, distanciamiento.

Jamás había llegado a pensar,

que pudiera gozar yo, tal sentimiento.


Un día soñé que era un dragón.

Un dragón rojo, un animal de ensueño,

una criatura legendaria

de esas que narran en los cuentos.


Quisiera otra vez soñar,

que me elevo mecido, arrullado por el viento

y suspenderme en el dulce pensamiento

de que nunca me he de posar,

que puedo volar por siempre jamás

en mi cuerpo de dragón,

con pasión, poder, conocimiento.


Miro el cielo y me pregunto,

cuándo el destino escuchará mi ruego,

sólo espero que sea pronto,

que aparezcas en mi mundo,

en el país de los sueños.


Aliento de dragón, fuego eterno,

llévame contigo, más allá del sufrimiento.

Sumérgeme en tus fantasías,

lejos de la opresión baldía

que a la tierra va cubriendo.

Yo te espero con paciencia,

y suspiro en tu ausencia.

Ven a mí, al que es sediento.




Autor: Dalthea

(Basado en un magnífico sueño que tuve, hace ya tiempo.
Nunca se me olvidará)





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Una pequeña frontera

Una pequeña frontera




El frío manto de la noche,

tendido sobre tibia piel,

oscuridad que alguno conoce

más que a su pareja más fiel.

Y

Sol amarillo allá en los cielos,

que despierta la primavera,

cálida luz, cual anhelo,

que logra apagar las estrellas.


Amada y poderosa tierra

de cuyas manos come el humano.

Tu corazón de firme piedra;

tu cuerpo de verdes prados.

Y

Cielo azul de libertad,

cuya pureza las aves cruzan.

Templo de eternidad.

Templo da las musas.


Frío y crudo invierno,

cuyas lluvias nos hacen temblar.

Para algunos, blanco infierno.

Para otros, tiempo de paz.

Y

Venturoso y verde verano,

cálida luz en un cielo sin nubes.

Tiempo de enamorarnos

de un mar de aguas azules.


Cuan distintos son

los extremos en este mundo.

Unos deprimidos en lo más profundo.

Otros alzados por la ilusión.


Lejos está el calor del frío,

lejos el blanco del negro,

lejos el invierno y el estío.

Lejos la alondra del suelo.


¿y qué se puede hacer

con las verdades de esta vida?

¡Pues hay otro punto de vista,

aunque sea del reves!


Pues noche y día se aman

al alba y atardecer,

Invierno y verano se encuentran

para ver las flores nacer.

El calor al frío compensa.

El mañana añora el ayer.


Mundos distantes se acercan

para fundirse unos con otros.

No existen las fronteras

si las destruimos nosotros.




Autor: Tharem




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El ocaso




EL OCASO


El ocaso por fin ha llegado.

Los rayos de un sol viejo y caído

tocan las crestas de un mar azul,

con sus etéreos dedos fulgurosos

y envuelven el atardecer en su abrazo,

entre tonos rosáceos, rojos y anarajandos,

vistiendo de hermosura el cincelado paisaje.


Las dunas del desierto,

arena blanca y escurridiza,

ondulan calladas y serenas,

reposando bajo su caliente caricia.

Nadie osa ahondar en su suelo blando,

dejar sus huellas en tan suave tapiz dorado.

Por ello un aire manso y libre

vuela lejos de la prisión del espacio

y se deja llevar a lugares inconcebibles

para la mente de un ser cualquiera,

que no ha comprendido aún, la belleza

que acompaña a tan cálido aliento divino.


El cielo, otrora azul cielo o gris sombra,

se torna bajo su tacto liviano,

en otro más maravilloso si cabe,

lienzo de colores sutilmente entretejidos.

Más allá de las nubes espumosas,

ubicado en su morada ingrávida y eterna,

el Ojo de los Mil Colores baña,

con mesura a veces y con generosidad otras,

a nosotros los mortales, que bebemos ávidos,

necesitados, de su esencia embrujadora.


Las hojas de los árboles, de verdosas tonalidades,

irradian vida y esplendor

en sus tallos y en sus extremidades.

Las gotas de un pronto rocío

magnifican todo cuanto se refleja en ellas,

multiplicando infinitamente el

verdor iridiscente de aquel arbusto,

planta trepadora o tronco anclando a la tierra,

que tan altruistamente le ha dado sostén.


El ocaso ha llegado.

Y con él al atardecer se ha posado en mi corazón.

El calor llega a mi alma sin titubeos y

las tinieblas de mi espíritu se deshacen vencidas.

Un suspiro de color sangre aguada

que por ser longevo y tardío

aporta la sabiduría que la mañana, aún joven e inquieta,

no puede soñar jamás en poseer.

Llamas quietas, transparentes y ensoñadoras.

El cristal de mi ventana

siempre os dará paso a mi mundo ;

Entrad sin dilación y quedaos en él,

pues no puedo concebir ni un sólo atardecer

sin el calor de tu color,

y sin la esencia de tu ser.





Autora: Dalthea








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El espejo milenario



El espejo milenario


Un musgo verde, húmedo y frondoso,

cama de un bosque de ensueño

al que el destino te ha llevado,

guarda para sí tesoros perdidos

que un día fueron abandonados,

por los que un día los poseyeron :

grandes reyes y nobles afamados.

En sus entrañas brillan con fulgor

cual rayos de sol desperdigados;

Su hechizo te habrán ellos lanzado

si tocarlos deseas con la mano.

No busques apresar oro,

monedas, coronas o sacos.

Deja que reposen en el lecho

que la verde espesura ha formado.

Los tesoros son más que joyas :

esmeraldas, rubíes, nácar blanco.

Son recuerdos muy preciados

por las personas que los crearon.

Con ardor en su interior forjaron

una voluntad propia, una dote de mando.

Si eres débil te habrás perdido,

sometido a su influjo habrás quedado

y serás por siempre suyo,

en su sabiduría te habrán ganado.

Si tus dedos encuentran un espejo,

ajado pero bien conservado,

busca su historia en el marco,

pues te dirá mil verdades,

que bien ocultas en su seno,

día a día han esperado.


En su febril reflejo, oscuro manto,

que de tan ínfimo parece apagado,

podrás mirarte con antojo

de frente, de cara o de lado,

según tu orgullo te haya impulsado

a realizar tan sencillo gesto,

con aire altivo, liviano,

o tal vez despreocupado.

Pero lazos que tu visión no han captado

el milenario cristal te ha lanzado.

Un regalo infernal y despreciado

sobre ti mismo ya ha actuado.

Y es que no verás tus ojos entornados,

nariz, boca o cabello ondulado.

Ni siquiera un atisbo,

un retazo del rostro,

que fiel compañía te ha prestado.

El ser que te observa en su fondo,

el que por fin se ha plasmado,

te atrapará sin dilación,

pues por él has sido hipnotizado.

Tu voluntad presa habrá quedado,

de aquel que un día fue su amo.

Pues no debiste ansiar,

con deseo avaro,

poseer lo que no es tuyo,

lo que perteneció al pasado.

El musgo verde de nuevo,

al espejo ha sepultado.

Otro como tu espera ansioso,

que caiga bajo su abrazo.

Para ti ya no hay solución,

tenías que haberlo pensado.

Cuando las luces por ti se alzaron

debiste haberte marchado.

Vete ahora, desconocido.

Desanda los caminos

que hasta aquí te han traído

y que sin miedo has cruzado.

Cumple tu destino

y obedece al fin y al cabo.

Pues al espejo libremente has acudido,

y tu ser a él se ha subyugado.

Ahora, amigo, no lamentes

no ser más que un esclavo.

Tu vida ya se ha decidido.

Tu destino escrito ha quedado.




Nota : Narrado por un ciego afortunado, que escapó de las garras del espejo milenario


Autora: Dalthea.








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Dos almas en la noche





Dos almas en la noche




Un espejo violeta y añil
oculta en sus profundidades eternas,
secretos de voces que cuentan
un sinfín de cosas bellas.

De sus entrañas brotan mil lágrimas
que unidas forman el mar;
aquel en cuyo interior nos reflejamos
dos gotas de agua, nacidas para amar.

Dos almas gemelas, unidas por el destino,
que en distintos cuerpos separadas están.
Lazos que nunca se rompen,
y que siempre atados han de quedar.

Las estrellas iluminan nuestro entorno,
creando una atmósfera casi espectral.
El viento frío de la noche
apenas nos puede rozar,
si estamos juntos, abrazados,
soñando con no despertar.

Una voz, muy cerca, nos llama:
nos susurra con su aliento fantasmal:
“Alimentad de mí vuestras esperanzas,
ya que así no podréis errar,
pues soy vuestra alma liberada,
vuestro inseparable y querido Larán”

Una sonrisa aflora a nuestros labios,
más felices no podemos ser ya.
Si en el horizonte aparecieran dos soles,
que refulgieran como rubíes sin par,
serían sin dudar tu corazón y el mío,
que alegres y livianos, han echado a volar.

Pero es la noche la que nos envuelve
en su manto etéreo, sobrenatural.
Aunque apresar nuestra atención quiere,
ni con mil garras nos puede atrapar.
Y es que nuestros ojos están fijos
en algo que ella no puede captar.
Pues se trata de un amor a raudales,
que hace huir su oscuridad.

Cientos de veces ha llorado
no haber nacido mortal.
Los mares en su lamento ha formado,
de pena, congoja y soledad.
Las estrellas que en su cielo hablan
no le dejan de recordar
que es cierto que dos seres se aman,
con amor puro, incondicional.

Por ello proclamo a los vientos
que este amor no tiene final.
Dos corazones en uno se han fundido,
dos almas, ahora una serán.

Que la noche siempre nos proteja
que nos acune con dulce suavidad;
Que nos meza en su regazo
si es que no lo ha hecho ya.




Autora:

Dalthea








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