viernes, 30 de noviembre de 2007

El espejo milenario



El espejo milenario


Un musgo verde, húmedo y frondoso,

cama de un bosque de ensueño

al que el destino te ha llevado,

guarda para sí tesoros perdidos

que un día fueron abandonados,

por los que un día los poseyeron :

grandes reyes y nobles afamados.

En sus entrañas brillan con fulgor

cual rayos de sol desperdigados;

Su hechizo te habrán ellos lanzado

si tocarlos deseas con la mano.

No busques apresar oro,

monedas, coronas o sacos.

Deja que reposen en el lecho

que la verde espesura ha formado.

Los tesoros son más que joyas :

esmeraldas, rubíes, nácar blanco.

Son recuerdos muy preciados

por las personas que los crearon.

Con ardor en su interior forjaron

una voluntad propia, una dote de mando.

Si eres débil te habrás perdido,

sometido a su influjo habrás quedado

y serás por siempre suyo,

en su sabiduría te habrán ganado.

Si tus dedos encuentran un espejo,

ajado pero bien conservado,

busca su historia en el marco,

pues te dirá mil verdades,

que bien ocultas en su seno,

día a día han esperado.


En su febril reflejo, oscuro manto,

que de tan ínfimo parece apagado,

podrás mirarte con antojo

de frente, de cara o de lado,

según tu orgullo te haya impulsado

a realizar tan sencillo gesto,

con aire altivo, liviano,

o tal vez despreocupado.

Pero lazos que tu visión no han captado

el milenario cristal te ha lanzado.

Un regalo infernal y despreciado

sobre ti mismo ya ha actuado.

Y es que no verás tus ojos entornados,

nariz, boca o cabello ondulado.

Ni siquiera un atisbo,

un retazo del rostro,

que fiel compañía te ha prestado.

El ser que te observa en su fondo,

el que por fin se ha plasmado,

te atrapará sin dilación,

pues por él has sido hipnotizado.

Tu voluntad presa habrá quedado,

de aquel que un día fue su amo.

Pues no debiste ansiar,

con deseo avaro,

poseer lo que no es tuyo,

lo que perteneció al pasado.

El musgo verde de nuevo,

al espejo ha sepultado.

Otro como tu espera ansioso,

que caiga bajo su abrazo.

Para ti ya no hay solución,

tenías que haberlo pensado.

Cuando las luces por ti se alzaron

debiste haberte marchado.

Vete ahora, desconocido.

Desanda los caminos

que hasta aquí te han traído

y que sin miedo has cruzado.

Cumple tu destino

y obedece al fin y al cabo.

Pues al espejo libremente has acudido,

y tu ser a él se ha subyugado.

Ahora, amigo, no lamentes

no ser más que un esclavo.

Tu vida ya se ha decidido.

Tu destino escrito ha quedado.




Nota : Narrado por un ciego afortunado, que escapó de las garras del espejo milenario


Autora: Dalthea.








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