sábado, 1 de diciembre de 2007

El Círculo del Poder - Capítulo 9







EL CIRCULO DEL PODER



Capítulo 9 - La Carta de Boreas






El viaje a Jenor duró cuatro días. No fue muy pesado ya que paraban a menudo para comer y para dejar descansar a los caballos. Los paladines se repartieron en el trayecto d

e manera que tanto las mujeres como el maestro Travis viajaran en el medio. Ulquier y Egolas fueron delante, junto con Banegun, Hirow, y Lanver. Los demás detrás, excepto el paladín llamado Farlen que iba delante de todos ellos abriendo el camino.

En el primer día, Liriel y Travis, ya recuperados de la primera impre

sión, habían trabado conversación en seguida. La insaciable curiosidad de la muchacha parecía atraer al mago, quien añoraba su profesión de maestro y encontraba en esta una ocasión excelente para transmitir su sabiduría.

Ariana iba un poco más adelante. Quería dejarles tiempo para que se conocieran. De vez en cuando se adelantaba lo suficiente como para situarse junto a Egolas. E

n una ocasión Ariana le habló.

- Egolas.- Lo llamó.

-¿Sí?.- El paladín la miró directamente a los ojos.

- Ulquier lo siente mucho.- Dijo ella de repente. Tenía algo importante que decir.- A veces se deja llevar por su temperamento. Ya sabes que es muy pasional.

Egolas asintió.

- Lo sé, Ariana.- En su voz no parecía haber remordimiento.- Todos decimos en ocasiones cosas que no pensamos.

- Fue a buscarte.- Dijo ella.- Estaba muy afectado.

- Todo está ya solucionado.- Aseguró él.

- ¿Sin rencores?.- Preguntó la mujer.

- No te preocupes más, Ari.- Ariana sintió que algo muy hondo y enterrado en su corazón saltaba en su pecho. Egolas hacía mucho tiempo que no la llamaba así. Ya nadie usaba su diminutivo. De alguna manera despertó recuerdos dormidos.

- No me llames así.- Pidió ella.- Además, debo preocuparme.- Insistió con firmeza.- Sé que la discusión fue por mi causa.

- Siempre que tu hermano y yo hemos discutido ha sido por asunto de mujeres.

Ariana dejó ver una sonrisa en su rostro.

- Siempre os enamorabais de la misma mujer.- Le hizo recordar.- Con tantas que había que se hubiesen desmayado por una mirada vuestra.

Egolas la miró de una manera significativa.

- Siempre no, Ariana, siempre no.

La mujer paladín no captó lo que Egolas había querido insinuar.

- ¿Y aquella rubia que conocisteis hace unos cuatro años qué ?.

Egolas meneó la cabeza.

- Eso fue un amor pasajero.

- Ya. Todos vuestros amores han sido pasajeros desde que os conozco. ¿Cuándo vais a sentar la cabeza ?.- Le preguntó ella inocentemente.- Aunque seáis paladín no veo el motivo para que no os comprometáis.

Egolas habló entonces con la mirada perdida.

- Nunca podría comprometerme con ninguna mujer a no ser que la amara con todo mi corazón.

Ariana se atrevió a preguntar en tono muy suave.

- ¿ Y que hay de Liriel ?. He visto cómo la mirabais.

Egolas frunció el ceño.

- Claro que la quiero. Pero no como pensáis.- Le dijo.- Liriel es una muchacha muy especial. Siento aprecio por ella además de que nos ha hecho un gran favor a todos.

- Sí, lo se.- Afirmó ella.- Pero algunas veces envidio su juventud.

Egolas la miró de nuevo a los ojos.

- No tenéis nada que envidiarle, Ari.- Dijo empleando de nuevo el diminutivo de la mujer.- Poseéis todo lo que un hombre puede desear.

Ariana se ruborizó de los pies a la cabeza. Comenzó a intuir qué era lo había querido decir Egolas. ¿Cómo había estado tan ciega ?.

Egolas se estaba declarando a ella. ¡Por Kiril que ella jamás se había dado cuenta de los sentimientos del paladín!. Y pensar que ella misma había estado locamente enamorada de él hacía tanto tiempo...

A la mujer se le hizo difícil, ahora que el paladín se había sincerado, permanecer cerca de Egolas. Los viejos sentimientos se despertaron. Un poco incómoda, desvió la conversación hacia otros derroteros. Pasados varios minutos se disculpó con el paladín y retrasó su caballo hasta ponerse al lado de su maestro y la muchacha.

No habló con ellos. Solo quería un poco de silencio para poder pensar y recordar su pasado. Aquel pasado, que de tan lejano, parecía de otra persona.



Durante el segundo día de viaje, Ariana se acercó de nuevo a Liriel y a Travis, que seguían viajando muy próximos el uno del otro. Le había parecido oír un comentario interesante.

Sin pensárselo dos veces puso su caballo entre los dos compañeros.

- Maestro.- Dijo.- ¿ Interrumpo algo ?.

- No.- Le contestó Travis.- Liriel me hablaba de su padre.

- ¿ Os importa si os acompaño por un trecho ?.

- No, claro que no.- contestó de nuevo.- Nos encantaría.

Liriel asintió.

- ¿ Y qué decíais ?. Me pareció oír algo de una carta.

- Le contaba a vuestro maestro lo extraño que me resultó que mi padre me pidiera que fuera a Henna hace unos días. - Dijo.

- Oh. Recuerdo que me lo contasteis, sí.- Dijo Ariana haciendo memoria.

- Fue por eso por lo que Egolas y yo volvimos a vernos.

- Sí, si. Ya caigo.

- Yo nunca antes había salido de Winder.- Siguió diciendo Lirel.- Me pareció fuera de lugar que de repente mi padre quisiera que me fuera de allí. Y la manera en que me lo pidió...

- ¿ Por qué pensáis eso ?.- Dijo Ariana.

- Por que me dijo que estuviera en Henna hasta que él me llamara. Quería evitar que me quedara en Winder. Decía que ambos corríamos un gran peligro.

Travis intervino.

- Me decíais que os enseñó una nota.

- Sí.- Afirmó Liriel.- Me dijo que era la causa de que tuviera que marcharse.

- Desde luego eso no tiene nada que ver con que os dijera que permanecierais en Henna. Podría haberos mandado a cualquier otra parte.

- Eso pensé yo.- dijo Liriel.- Lo importante para él era que me marchara de la ciudad cuanto antes. Y luego está lo de la nota.

- ¿ Qué pasa con la nota?.- preguntó Travis.

- Veréis.- Explicó Liriel.- No había en ella ni una sola letra escrita. Eran todo garabatos, y una especie de sello...como una insignia. Yo no pude entender nada.

- Tal vez se trataría de un garabato hecho por algún niño.- Apuntó Ariana.

- No. Estoy segura de que era un mensaje.- Y recordó.- Desde que llegué a mi casa ese día encontré a mi padre muy nervioso. Estaba fuera de sí. Nunca lo había visto de aquella manera.

- ¿ Por qué tendría alguien que darle importancia a unos garabatos y menos ponerse nervioso ?.- Preguntó Ariana de nuevo.

- Tal vez se trate de un código.- Travis elaboraba varias hipótesis.- Kelmor recibe un mensaje en código y...

- Boreas.- rectificó Liriel al maestro de paladines un poco fastidiada.- ¿Por qué seguís creyendo que mi pasado es mentira ? - Liriel todavía no creía que su madre y su padre fueran quienes decían los paladines.

- Como queráis, Boreas entonces.- Aceptó Travis.- La cosa es

que recibió un mensaje en código y que a causa de este tomó las demás decisiones.

- Pero, ¿ por qué iba a querer que no estuviera en Winder ?.- Insistió Liriel.- ¿ Qué peligro podía acecharme ?.

- Pues eso no lo sé.

Los tres callaron un momento.

Entonces Travis recordó algo.

- Liriel, ¿ Cómo eran esos garabatos ?.- Le preguntó.

- ¿ Queréis verlos ?.- Dijo ella para sorpresa del maestro.- He llevado el mensaje desde que salí de Winder. No sé por qué lo he guardado.

- ¿ Y por que no lo habíais dicho antes ?.- Exclamó Travis alzando las manos al aire.- Enseñadmelo, por favor.

Liriel rebuscó en las alforjas de su caballo. El vestido que le había prestado Ariana no llevaba bolsillos y se había visto obligada a guardarlo donde estaban sus demás pertenencias.

Después de removerlo todo, Liriel sacó un papel doblado cuidadosamente.

- Aquí esta. Es este.

Travis lo cogió rápidamente, lo desdobló y lo mantuvo en alto de modo que le diese de lleno el sol.

Los garabatos estaban hechos con carboncillo. Tenían el siguiente aspecto :



Travis los miró largo rato, al igual que a la insignia que figuraba al final, luego dobló en pliegues la hoja y se la entregó de nuevo a Liriel.

- Es lo que me temía.- Dijo.

- ¿ Qué queréis decir ?.- Le preguntó Ariana.

- Los había visto antes. Hace mucho tiempo, en un libro. - Reveló.

Liriel se quedó boquiabierta.

- ¿ Y qué quieren decir ?.- Preguntó.

- No lo sé.- Dijo.- Siempre pensé que eran dibujos sin sentido. ¡ Y pensar que eran un código !.

Liriel se quedó callada.

- ¿ Créeis que pueden descifrarse ?.- Dijo Ariana.

- Sí, por supuesto.- Afirmó Travis.- Estos garabatos han de tener por fuerza un significado. Lo que ocurre es que esta muestra que tenemos aquí es muy breve. Necesitaremos más como estos para descifrarlos.

Ariana asintió.

- ¿Pensáis que estos mismos garabatos pueden alguna relación con la desaparición de ambos, hace tanto tiempo ?.

- Eso es imposible de saber. Creo que estamos divagando demasiado.

- ¿ Y en qué libro lo visteis ?.- preguntó ella ansiosa.

- En uno de los muchos libros que escribió Nereida.- Dijo.- Estoy seguro de haber visto estos garabatos en alguno de ellos, al final de sus páginas si no recuerdo mal.

-¿ Libros ?- Liriel no entendía.- ¿ Qué libros ?.

- Nereida dejó por escrito todo lo que sabía en los libros para que otros pudieran aprender de ella.- Explicó.- Cuando desapareció, fueron entregados a las bibliotecas más importantes. La biblioteca de Jerón fue la que se llevó la mayor parte del lote.

Liriel se sintió sacudida por un escalofrío.

- ¡Por Kiril !.- Dijo henchida de felicidad.- ¡Entonces, cuando lleguemos a Jerón podremos buscarlos y descifrar el mensaje que recibió mi padre !.

- Pero maestro - Ariana estaba confusa -, creo que sería más sencillo escribir una nota a Kelmor ahora que ya sabemos dónde reside para que nos lo aclarara todo.

- Mi querida pupila.- Dijo Travis.- Durante todos estos años he pensado que ambos han debido tener un fuerte motivo para buscar el anonimato. Y ahora que hemos conocido a Liriel y ella está tan a oscuras como nosotros, ¿no os parece que escribirle podría entrañar algún peligro para él y para ella misma ?. Podríamos cometer una imprudencia y que nuestro mensaje fuera un delator de su presencia.

Eso tenía sentido. Ariana no lo había visto de ese modo.

- Posiblemente tengáis razón. Pero, ¿ de qué querrían huir ?.- Se preguntó.

- Eso siempre ha sido un misterio. - Dijo él.- Como lo es el por qué ha huido ahora de nuevo y ha obligado a Liriel a abandonar Winder.

- ¿ Eso creéis ?. ¿ Que ha huido de nuevo ?.

- Es una posibilidad. No sería la primera vez.

Liriel intervino, haciendo memoria.

- La verdad, mi padre ese día no era él mismo.- Comenzó.- Me dijo que no podía explicarme nada, pero que le había surgido algo muy urgente y que él tenía que partir. Estaba aterrorizado.

Travis se llevó una mano a la barbilla.

- Mucho me temo que algo muy oscuro se haya desatado.- Dijo con voz lúgubre. Miró a Liriel.- Y tanto él como vos estáis en el centro de todo.

- ¿ Pero en el centro de qué ?.- Preguntó ella cansada.

- Yo no tengo todas las respuestas, pequeña.- Le contestó el maestro cariñosamente.- Pero si es cierto que estáis en peligro, os ayudaré en todo lo que pueda. Si ir a la biblioteca nos aclara algo, iremos.

La muchacha bajó la vista y aceptó las palabras del hombre en silencio.

Tanto Ariana como Travis callaron, respetando la intimidad de la joven.

Los minutos pasaron y la conversación decayó con el tiempo hasta que permanecieron en silencio durante el resto del día.

Liriel se debatía en su interior sin conseguir definirse en uno u otro sentido. Su vida no había podido ser una mentira, ni siquiera a medias. Pero las piezas del rompecabezas encajaban una a una, dándole a su vida un nuevo sentido.

La más pura lógica la empujaba a dudar y con ello, se estaba alejando cada vez más de lo que había sido durante tanto tiempo la verdad. Ahora, todo era una mera quimera. Todo a sus pies se derrumbaba...

¿ O comenzaba a alzarse ?.


El tercer día transcurrió sin ningún incidente. Las conversaciones entre los paladines eran animadas y entre Liriel y Travis podríamos decir que habían perdido la animosidad. La joven escuchaba al mago pero a veces Ariana tenía la sensación de que ésta, se hallaba muy lejos.

El cuarto día, un paladín de la retaguardia llamó la atención del superior.

- Sir Ulquier.- Lo llamó.- He oído algo por ahí atrás.

- Parad todos.- Ordenó frenando a su montura.- Iremos los dos a ver qué ocurre. Egolas, quédate junto a las mujeres.

Ulquier y el paladín que había advertido los sonidos dieron media vuelta a sus caballos. Ariana los perdió de vista a los pocos segundos entre la nube de polvo que habían levantado los cascos de los caballos.

Todos esperaron en vilo.

Ulquier y el paladín regresaban con alguien más que también montaba a caballo. Cuando Liriel lo tuvo más cerca reconoció al instante. Osses corría a su lado.

- ¡Yargos, Osses!, ¿ Pero qué hacéis aquí ?.

Liril hizo al instante las presentaciones.

A Ariana no le cayó demasiado bien ese hombre. Travis lo ignoró con cortesía.

Cuando el bardo estuvo entre los paladines, Ulquier forzó a éste a confesar qué hacía tras ellos. El, confesó haberlos seguido desde que salieron de Trempos. Adujo en su defensa que no tenía malas intenciones. Sólo quería unirse a ellos. No pudo sacarse nada más de él, porque cuando Lanver insistió en que se lo dejaran para interrogarlo personalmente, el bardo se puso a sollozar lastimeramente.

Desde entonces, Yargos y Osses viajaron con ellos. No podían abandonarlos a su merced.

Al final del cuarto día, cuando era casi de noche, llegaron a Jerón.

Ulquier buscó una posada lo suficientemente grande como para que diera cabida a todos. Eran aproximadamente una veintena. Catorce paladines sin contar a Ariana, las dos mujeres, Travis, Yargos y el perro.

La posada elegida fue ”Manos Rojas“.

El posadero rebosaba de furor pensando en el dinero que se iba a embolsar. Cuando Ulquier le dijo que se iban a quedar unos tres días, los ojos le hicieron chiribitas. Aquello era todo un negocio.

A media noche, todos estaban en sus camas y los caballos ya dormitaban en el establo.

Zaltior, el caballo de Egolas, dormía en el exterior. El paladín había pagado una propina adicional al caballerizo para que lo cuidara bien. Esta vez, Osses tuvo que dormir también en la calle con Zaltior. En la posada no se permitían los perros y menos los de gran tamaño - algunos clientes adiestraban a sus animales para que robaran comida por las noches -.

Ulquier había dado instrucciones a sus hombres antes de retirarse. Por la mañana se reunirían con los paladines de Jenor que al igual que ellos iban a buscar los rastros del carruaje. También dio un mensaje a un mozo para que mandara un mensaje urgente al superior Lenn, que le informaba de su estancia en la posada y de su reunión con él y sus hombres al amanecer.

El grupo se repartió en las habitaciones por parejas.

Liriel y Ariana durmieron juntas en la misma habitación. Egolas y Ulquier en otra. A Yargos le tocó dormir con el paladín Lanver.

El bardo no pegó ojo en toda la noche. Entre el miedo que le tenía y los fuertes ronquidos que salían de su garganta, se desveló por completo. Empezó a canturrearse tímidamente para conciliar el sueño. Lanver se despertó y lo amenazó con estrangularlo y descuartizarlo después. Yargos lo creyó, así que ya no intentó nada más. Ni si quiera dormirse.




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